Réquiem por una patria
De Costa Rica, ¿qué se puede decir? Su democracia se mató a sí misma, cayó víctima de la ignorancia, pero por sobre todo del egoísmo y el individualismo que consume a la mayoría de la población.
La verdad es que muchas personas "ticas" solo se interesan en ostentar lo que puedan, les encanta restregar en la cara de otros su automóvil, su casa, el iphone y cuanta cosa puedan. Los índices de endeudamiento demuestran un consumo masivo creciente y que no parece tener límite.
Y que no se entienda mal, no es malo aspirar a tener posesiones materiales, pero ello siempre y cuando sea para satisfacer una necesidad real y funcional, pero cuando lo que busca es ser aceptado, abrirse un espacio por lo que se posee y no por lo que se es, allí empiezan todos los males.
Esas ansias de poseer han abierto una brecha desigual en la cual germina el crimen organizado que ofrece dinero fácil y pronto. Sí, los que no tienen las mismas oportunidades de trabajo, estudio y salud, que por lo general viven en zonas pobres y con criminalidad alta, ven con envidia y enojo la ostentación de aquellos que se pasean frente a sus caras.
Entonces, surge el resentimiento social, la sed de venganza y el odio, se crea el terreno fértil para que lleguen luego mesías que se aprovechan de cada sentimiento que pueden para ofrecer solucione mágicas.
Surge de ese modo el ambiente perfecto para que una vez en el poder, un grupo interesado en perpetuarse empiece a desmantelar las instituciones, así logran desmejorarlas y provocar más enojo, la receta perfecta para privatizar, vender activos del estado y desaparecer el estado social.
Toda esta vorágine se gesta en medio de un ambiente caldeado, apoyado en la apatía política y cívica del pueblo, que una vez unida a una baja escolaridad e ignorancia, crea un acólito perfecto para seguir a un supuesto líder que hace uso del grito vulgar, tal clérigo que predica.
El otro victimario de la democracia costarricense es una oposición egoísta y que nunca supo entender la red que le tendieron y en la cual se vio envuelta sin poder salir. Las diferentes fuerzas no pudieron dejar atrás su propio ego, aceptar sus torpezas y errores pasados y lograr así una unión. Más bien se fragmentaron, dándole más fuerza al oficialismo que con fanfarria de turno envinagraba a la mayoría de una falsa lucha.
La democracia plural, pensante y cívica de Costa Rica ha muerto, de sus restos surge una criatura amorfa, llena del odio, abierta a la persecución política, se hace llamar así mismo democracia, pero no lo es. Es un ser que desde su parto grita dolor y vomita la peste que la pudre por dentro.
No queda más que vivir el luto, a lo mejor en otro lugar, para ver de lejos como un oasis de paz en una región convulsa, se va transformando poco a poco en un pantano mal oliente, lleno de alimañas carroñeras que se alimentan de aquellos más indefensos y que cuando estos ya no estén se canibalizarán entre sí.